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EDIMBURGO
(segunda parte)
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Edimburgo es la segunda ciudad más visitada de Gran
Bretaña, y hay que tener en cuenta que al flujo normal de turistas
veraniegos hay que añadir el de los vuelos charter de los escandinavos
que van para comprar y beber (los países nórdicos son los más
caros de Europa, sobre todo en lo que respecta a las bebidas alcohólicas)
o al de los muchos americanos y australianos nostálgicos por su linaje
escocés que regresan buscando su lugar en el árbol genealógico
de algún antiguo clan, con unas ideas tal vez excesivamente románticas
acerca de la vida de sus antepasados, que, al fin y al cabo, tuvieron que
marcharse a América o a Australia huyendo de la miseria. En los periódicos
se anuncian bastantes agencias de investigación especializadas que,
sobre todo en la temporada veraniega, se encuentran desbordadas de trabajo.
La Milla Real (Royal Mile) es una larga avenida que une el Castillo con el Palacio de Holyroodhouse, residencia de la familia real británica en sus visitas ocasionales, a lo largo de cuatro tramos, cada uno con su propio nombre (Castle Hill, Lawnmarket, High street y Canongate). Entre las leyendas del pasado, queda la historia de que castillo y palacio estaban unidos por otro camino subterráneo, muy útil para huir en caso de asedio. Como indica una las frases publicitarias, esta milla es un museo en sí misma; aquí se encuentran la catedral de St. Giles, el antiguo Parlamento escocés, el Ayuntamiento, la National Gallery o la casa de John Knox, fundador de la Iglesia Presbiteriana. Hace doscientos años, toda la ciudad (Old Town) estaba sobre la colina, bajo la protección del castillo; en los tiempos difíciles, con guerras casi continuas y un considerable aumento de la población, se edificaron unas casas sobre otras alcanzando alturas considerables (parece ser que aquí se empleó por primera vez la palabra rascacielos), pero a finales del siglo XVIII se comenzó la construcción fuera del castillo: la Ciudad Nueva, en el lado opuesto a la zona ocupada por la Milla Real. En esta nueva área surgió la Princess street, calle comercial por excelencia, donde actualmente se encuentran los grandes almacenes (Jenners es el más antiguo del mundo) y las grandes marcas; frente a la acera de las tiendas están los jardines con el mismo nombre que la calle, ocupando el lugar que hasta el siglo pasado era el lago North, foso natural del castillo. En estos jardines están los monumentos a dos de los hijos ilustres de la ciudad: Walter Scott y Livingston.
Durante todo el año, la oferta cultural de Edimburgo es importantísima, con todo tipo de acontacimientos, sobre todo en agosto con el Festival Internacional que se complementa con un festival alternativo (Fringe) a base de espectáculos callejeros, y la Military Tattoo. La ciudad cuenta con dieciséis teatros con un total de dieciocho mil asientos (según recientes estadísticas, el 60% de los edimburgueses va al teatro). artículo
publicado en la revista GEOMUNDO © manuel velasco, autor de BREVE HISTORIA DE LOS CELTAS
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