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©manuel velasco |
A pesar de que James Joyce vivió gran parte de su vida en lugares tan propicios a localizaciones literarias como París, Trieste o Roma, siempre fue Dublín el escenario único y omnipresente de sus obras, aunque es en Ulises donde esta ciudad cobra especial protagonismo. Se dice que si Dublín desapareciese un día, podría reconstruirse a partir de esta novela. Irlanda,
ancestral tierra de artistas, ha dado muchos y buenos escritores; y no sólo
hay que pensar en las celebridades de los últimos dos siglos, como
Bram Stoker, Bernard Shaw, Oscar Wilde, o el propio James Joyce,
sino también en todos aquellos anónimos ancestros que crearon
las más hermosas leyendas celtas, llenas de valerosos héroes,
seres fantásticos, magia y encanto. Pero de entre los escritores del
presente siglo, sin duda es James Joyce (1882-1941) el favorito de
los dublineses; sus personajes habitan y recorren esta ciudad, beben en sus
pubs, hablan con ese peculiar sentido de la ironía y con la especial
sensibilidad de esta gente. En su novela
más famosa, Ulises, el personaje principal, Leopold Bloom,
recorre Dublín entre las 8 de la mañana y las 2 de la madrugada
del 16 de junio -jueves- de 1904. Sigamos sus pasos en la época actual,
pero no como si fuera un intento de recuperar un Dublín color sepia,
maravilloso y feliz de los buenos-viejos tiempos, ya que no hay indicios de
que así fuese en aquel comienzo de siglo bajo el dominio británico;
de hecho, Joyce "huyó" al continente y sólo regresó de forma circunstancial en un par de ocasiones. Simplemente es una recreación literaria de una de las novelas más importantes del presente siglo en una bonita ciudad. Aunque el recorrido tiene, libro en mano, unos 13 kilómetros a pie más otros 16 en carruaje o tranvía, la mayor parte puede y debe hacerse a pie, ya que, a la hora de la verdad, son menos kilómetros, ya que algunos capítulos repiten las mismas localizaciones. |